47 AÑOS CON DIABETES TIPO 1

Dr Mario Balcázar Quintero / Médico especialista en Medicina del Trabajo jubilado / mariobq5228@gmail.com

Terminaba mi primer año de medicina a los 20 años, tenía síntomas de glucosa alta y muy mal estado general por lo que mis papás me llevaron al Instituto Nacional de Nutrición el 20 de enero de 1973 (sabían de esto pues mi hermano Beto vivía con Diabetes tipo 1 (DT1) desde los 14 años) me encontraron una glucosa mayor a 400 y con la aplicación de insulina rápida en pocas horas mejoré, me sentí muy bien pero confuso, pues había leído que la sobrevida no era mayor a 30 años. Días después un médico residente me dijo: “la diabetes es como las esposas, si la tratas bien, te va a tratar bien, pero si no es así, no tendrás buenos resultados”.

Esas palabras, los ánimos que me dio Beto y los conocimientos médicos que iba adquiriendo, me hicieron ir consolidando mucha disciplina con mi dieta y ejercicio. Por un sentimiento de solidaridad con Beto (de quien yo bien conocía sus rutinas e incluso sus hipoglucemias) no tuve etapas de negación o rebeldía hacia la diabetes.  Todas las mañanas hervía una jeringa de vidrio y su aguja en un recipiente metálico, sacaba del refrigerador la insulina y me inyectaba. No existían los glucómetros, sólo tiras reactivas al contacto con orina.

Los siguientes semestres ya en hospitales significaron una bonita etapa; mis amigos y amigas me llamaban el “candy man”, pues estaba de moda esa canción.  El apoyo familiar fue determinante, mi mamá llegaba con alguna rica fruta para Beto y para mí cuando los demás (de una familia de 10 hijos e invitados) disfrutaban de algún rico pastel.  Con sacarina, limón y agua, obteníamos una rica limonada.

Al elegir el sitio para mi internado durante 1976, la diabetes no fue obstáculo para que saliera de la casa paterna. En el hospital del IMSS de Cuernavaca los días de guardias escondía mi frasco de insulina en el viejo refrigerador del área de médicos y llevaba mi jeringa de vidrio hervida. Sólo mis compañeros con quienes compartía trabajo, hospedaje, bromas y parrandas, sabían de mi diabetes.  En 1977 me fui un año más al sur de Morelos para mi Servicio Social enfrentándome a tantas experiencias haciendo tanto el papel de médico, como el de camillero, enfermero, farmacéutico, chofer y hasta de consolador.  En las etapas de las guardias en pregrado (1976), postgrado (1978 en La Raza) y especialidad (1979 y 1980 en el Centro Médico Nacional), apliqué maniobras para llevar mi jeringa e insulina a las guardias de hasta 36 horas y tomé medidas para evitar hipoglucemias; siempre llevaba alguna fruta o pan que en ocasiones me sacaron adelante.  En esa época me casé con Mara; ella como doctora, fue un gran apoyo para mi control.

Ya terminada mi especialidad me enfilaba para trabajar en Pemex, ya tenía unos días de estar trabajando dando por hecho que los trámites para mi contratación eran sólo requisitos administrativos, pero al conocerse el resultado de mi glucosa, el Dr. F.O. se molestó mucho pues “se había pretendido filtrar a un diabético”.  No tenía cabida en Pemex, querían a médicos sanos.

Ese “NO” representó mi golpe más duro con la diabetes, pero generó un “SÍ”, y el inicio de una larga lucha.

Hice múltiples intentos fallidos para ver al secretario general del Sindicato Petrolero hasta que un día de septiembre me presenté a un acto magno de la CTM y entre grupos sindicales, reporteros y fotógrafos me metí al recinto; me fui acercando al foro, calculé el momento para rebasar a varios “guaruras” y salté hacia la mesa en cuyo extremo estaba el Secretario General del Sindicato Petrolero y Senador; le entregué la carta petitoria, abriéndose la oportunidad para laborar en Pemex, donde fui uno de los dos fundadores y desarrolladores de la Medicina del Trabajo y, una vez jubilado, capacitador y consultor. Me quedó claro que a la diabetes no debe ser un obstáculo para ser un triunfador. Tengo múltiples anécdotas con mi compañera diabetes, pero en otra oportunidad se las platico.
Después de vivir muchos años lejano a otras personas que viven con DT1, en los últimos años me he relacionado con buenos amigos con dicha condición.  Me complace poder apoyarlos desde mi dualidad de médico y paciente, demostrando que con diabetes si se pueden obtener los objetivos deseados. He participado en la lucha para que ni a los(as) niños(as) ni a los adolescentes les falte insulina o insumos necesarios para su adecuado control.
Desde hace tres a.os modifiqu. mi control con la bomba infusora de insulina, ahora llevo un mejor control. Aun siendo medico, después de haber vivido 47 años con diabetes, sigo aprendiendo y me considero un afortunado.
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