¿Diabetes tipo 1? Respira profundo y conoce mi historia

PLN Sabrina Sosa Santa Ana / Vocera de la Federación Mexicana de Diabetes, A.C. / Ig: @azulcomoladiabetes; nut.sabrina.sosa@gmail.com

¡Hola! Me llamo Sabrina y vivo con Diabetes tipo 1 desde hace 16 años. Desde pequeña solía enfermarme muy seguido, pero al ser muy inquieta, podía tener fiebre y aún así seguir dando piruetas mientras me perseguían con el termómetro. Sin embargo, un día tuve una infección que me tumbó a la cama. Tras esta infección mi mamá notó síntomas extraños: comencé a bajar de peso rápidamente, a tener náuseas y estar tan cansada que mis papás ya no tenían a quien corretear. Pensaron que podría seguir enferma, así que me realizaron estudios de laboratorio. ¡Oh, sorpresa! Mi glucosa en sangre estaba altísima, las semanas siguientes fueron confusas, viajábamos a distintas ciudades y veíamos diferentes médicos en busca de alguien que nos explicara qué sucedía, pues la diabetes en niños era algo nuevo. Finalmente, un día me confirmaron que sí, que tenía diabetes y mi vida tenía que dar un giro de 180 grados. 

En ese entonces tenía 8 años, por lo que mis padres fueron quienes vivieron el duelo de la diabetes por mí. Todas las historias tienen un lado bueno, nosotros encontramos al médico que nos abrió los ojos: tenía y tengo diabetes, pero no había que sufrir por ello. Como mi cuerpo ya no producía insulina por sí mismo, tendría que revisar mi glucosa e inyectarme insulina varias veces todos los días; pero mi vida no terminaba ahí, sólo tenía que aprender a manejarla integrando mi diabetes. Podía seguir haciendo deportes, riendo con mis amigos, comiendo mis sándwiches de crema de cacahuate o avellana en el recreo, pastel en mi cumpleaños y hasta galletas en navidad.

El problema real apareció en la temible adolescencia, cuando afronte verdaderamente mi condición. Tuve tantas peleas con mi mamá porque me rehusaba a ir al médico, a cargar con mi glucómetro al salir, a enfrentarme a glucosas altas o bajas mientras yo sólo quería jugar fútbol sin importar cómo estuviera. Pasó mucho tiempo hasta que “me cayó el veinte”, y fue porque no me sentía bien. Tener glucosas elevadas todo el tiempo no sólo es riesgoso, altera tu estado físico y emocional. Estaba enojada, frustrada, cansada, con sed y un hambre feroz; me sentía culpable y deprimida por malgastar el dinero que mis papás invertían con esfuerzo en mi salud. Comprendí que el apoyo de tu entorno es importante, pero si tú no participas en tu cuidado, no hay un futuro y ni siquiera un presente que disfrutar. Poco a poco y con dificultad fui cambiando mis hábitos, valorando mi salud y asimilando que la diabetes no era mi culpa, pero sí mi responsabilidad.  

 

Tener diabetes es un camino largo y lleno de obstáculos, pero cada paso vale la pena porque tu bienestar es lo más importante. Cuando la aceptas como parte de tu vida, tu mundo cambia.

¡No te desilusiones! Todos tenemos días buenos y malos sin saber por qué, pero es normal. No estás solo, siempre habrá alguien dispuesto a ayudarte. Recuerda que hasta lo que parece malo siempre tiene algo bueno, aunque no sea tan sencillo de ver.

Referencia: International Diabetes Federation. (2020). Type 1 Diabetes. IDF.org
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