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EL CINTURÓN DE CASTIDAD ALREDEDOR DE LA CINTURA.

Dr. Marco A. Villalvazo Molho

Médico General Certificado Educador en Diabetes Certificado  Expresidente del Consejo Nacional de Educadores en Diabetes, A.C.

Raquel me visitó en mi consultorio después de no verla en los últimos cinco años. Ya no es la jovencita delgada, alegre y platicadora que siempre vestía una ajustada minifalda negra. En cambio, vi a una mujer de ojos tristes y mirada evasiva, con los brazos siempre pegados al cuerpo y portando un gran blusón que trataba de esconder cerca de 20 kilos sobrantes. Además, en el sobre que me entregó contenía su diagnóstico de diabetes.

Después de varias consultas, Raquel se atrevió a contarme lo que había sucedido: “hace cinco años tuve un novio al cual quise muchísimo. A los seis meses de andar juntos me pidió que tuviéramos relaciones sexuales, a lo que yo me negué. Pero él insistió e insistió. Me prometió que nunca me dejaría y que él me amaba más que a nada y nadie en el mundo. Después de un mes de ruegos diarios, decidí darle el sí y, de repente, al poco tiempo y sin motivo aparente, él dejó de visitarme. Yo lo llamaba seguido por teléfono y nunca me contestaba. Fui a su casa a buscarlo y me cerraron la puerta en la punta de la nariz, pero esperé ahí hasta que salió para ir al trabajo. Al verme sólo me dijo ‘hola’ y siguió su camino. Lo detuve y le pedí una explicación de su comportamiento, a lo que él me contestó que ya no le interesaba para nada, ‘ya que eres una fácil’ –me dijo–. ‘Igual que te fuiste conmigo te puedes ir con cualquiera’. Yo le dije que estaba equivocado. Le lloré, le supliqué e inclusive me le arrodillé. Él me hizo a un lado sin siquiera voltear, se subió a su coche y se fue.

“A partir de ese momento, en el que me sentí morir, mi vida cambió totalmente. Me volví desconfiada y resentida hacia los hombres, dejé el ejercicio y las actividades sociales, y me encerré en mí misma. Me he dedicado a comer de todo a todas horas, Una vez intenté perder peso, pero cuando un compañero del trabajo me invitó salir, volví a comer de manera inconsciente y sin límite”, relató.

La conclusión a la que llegamos Raquel y yo fue que comió con el objetivo inconsciente de engordar y estar menos atractiva, para correr menos riesgo de encontrar otra pareja, enamorarse y volver a sufrir. Finalmente, Raquel dijo: “ahora entiendo que estos años he utilizado un cinturón de castidad alrededor de la cintura, que además me llevó a desencadenar diabetes. Ahora que compartí con usted este secreto, siento que el miedo a volver a sufrir disminuyó, y lograré controlar mi manera de comer y que mi salud física y emocional mejorará”.

Para resguardar la identidad de mis pacientes, en todos los escritos de esta columna se cambian sus nombres y características.

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