El cuerpo te habla en voz alta

Por LN Diana Novelo Alzina

Me llamo Diana Novelo Alzina. Soy de Mérida, Yucatán. Vivo con diabetes tipo 1 desde hace siete años. Debuté con diabetes a la edad de 19. Quisiera contarles un poco cómo comenzó esta aventura. Yo cursaba la carrera de Nutrición. Recién terminaba el segundo semestre cuando salí a estudiar al extranjero aprovechando los dos meses vacacionales de verano. Fue ahí cuando comencé a sentir que mi cuerpo se comportaba de manera extraña, me daba sueño y hambre muy seguido.

Dos meses después, cuando regresé a Mérida, los síntomas se habían hecho más intensos, mi cuerpo ya no respondía como antes, sobre todo me cansaba muy rápido y yo pensaba que era debido a las tantas actividades que tenía a diario. Poco a poco, y a lo largo de otros dos meses, comencé a tener más manifestaciones así que acudí a que me realizaran unos análisis de sangre. La diabetes era poco evidente para los demás, pero mi cuerpo me hablaba en voz alta.

Vi venir el diagnóstico. Tuve miedo. No quise leer los resultados de los análisis sino hasta que estuve a punto de entrar a la consulta médica, no quería enfrentarlos, aún me quedaban esperanzas de que se tratara de otra cosa, de algo curable. Entramos al consultorio, la doctora también abrió el sobre, puso cara de preocupación, indagó acerca de la presencia de diabetes en mi familia –mi familia estaba libre de diabetes hasta ese momento– y fue entonces que la doctora dijo que probablemente yo tenía diabetes, pero que me harían una segunda prueba confirmatoria. Mi mamá me acompañaba. Ella y yo lloramos. Lloré sin pena, sin contenerme, a partir de ese día no me iba a permitir quebrantarme más, tenía que tomar las riendas de la situación lo antes posible.

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ntre la primera prueba y la prueba confirmatoria, mi salud empeoró, perdí varios kilos, no podía tenerme mucho tiempo en pie. Al día siguiente del segundo análisis, un lunes, mi cuerpo no soportó más y terminé en el hospital por cetoacidosis. La buena noticia es que desde mi primera dosis de insulina en el hospital mis fuerzas y mi ánimo comenzaron a regresar. A partir de entonces, la insulina y yo nos hemos acompañado a diario.

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onsidero que me adapté a la diabetes relativamente rápido, en pocas semanas, creo que, porque desde varios años atrás ya cuidaba mi salud, hacía ejercicio a diario, cuidaba mi alimentación y, además, ya comenzaba a entender el lenguaje de las ciencias de la Nutrición y la Alimentación. Desde que tengo diabetes no he desaprovechado el tiempo enojándome por ella o evitando mi tratamiento, sé que no me conviene.

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on la diabetes hay que ir de la mano. Para lograr esto, el apoyo de mi familia y amigas fue sumamente importante. Mi familia me motiva a cumplir con todas mis consultas médicas tanto de seguimiento como para la prevención de riesgos, han mejorado junto conmigo la calidad de la alimentación en casa y también tienen en cuenta que mi entrenamiento y ejercicio diario es importante. Mis amigas me acompañaron también desde el principio; entendieron mi situación y lo que iba a tener que hacer para cuidar mi diabetes. Con ellas, me checo la glucosa y me administro insulina. Mis personas cercanas saben que tengo diabetes y ven cómo la vivo. Esta aceptación ha logrado que yo me cuide sin pena y donde corresponda hacerlo. La diabetes es un estilo de vida.

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iviendo con diabetes he conseguido hacer exactamente lo mismo que ya hacía antes, y más. Continúo con mi vida, actividades y pasiones. He logrado viajar sola a lugares lejanos y por tiempo prolongado, hacer el deporte y entrenamiento que me gusta y, actualmente, también trabajo; soy nutrióloga y educadora en diabetes. Me encanta estudiar y actualizarme, acudir a eventos y hacer voluntariado. Estando fuera de casa también es posible cuidar la glucosa

A quienes comienzan con este estilo de vida les invito a que se acerquen y conozcan a las tantas personas, niños, jóvenes y adultos que vivimos con la misma condición. Intégrense a su Asociación de Diabetes más cercana. Tengan en cuenta que enojarse y sentirse triste por la diabetes –de vez en cuando– es válido, lo que no se vale es dejar a un lado el tratamiento. Recupera la actitud positiva tan pronto como puedas. Ponte las pilas, aprende de tu diabetes, y comparte con alegría y confianza tu manera saludable de vivir.

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