Ni princesas ni esclavas, simplemente mujeres

Lic Adriana Serralde Ortiz / Psicóloga / Céd Prof: 6866450 / adraseo@hotmail.com

Recuerdo el día cuando le compartí a una de mis amigas que me iba a casar, se emocionó mucho y después de felicitarme me dijo una frase de su abuelita: “felicidades, ahora si tendrás valor para la sociedad”. Nos reímos, discutimos acerca del tema y llegamos a la conclusión de que desgraciadamente esa frase tenía mucho de cierto durante el siglo pasado (y no dudo que en algunas partes del país lo sigue siendo).

Partiendo de lo anterior surge la pregunta, ¿qué significa ser mujer en México?, tiene un profundo sentido, ya que el rol de la mujer durante el siglo pasado era solo dedicarse al cuidado de los hijos, la casa y, por supuesto, al marido.

Marta Lamas (citada por el Instituto Nacional de las Mujeres), menciona que el rol de género se conforma a partir del conjunto de normas y disposiciones, que tanto la sociedad como la cultura dicta (acerca de cómo deben comportarse los hombres y las mujeres). Es importante mencionar que los roles también están influenciados por la clase social, el grupo étnico, nivel socioeconómico y la generación a la que se pertenece.

Desde que nace un bebé (ya sea niña o niño) se le adjudican características que los estereotipan, los niños deben ser fuertes, no llorar, jugar con autos y superhéroes; mientras que las niñas deben ser tiernas, pueden llorar, jugar con muñecas. Por ello, es necesario romper con esos esquemas y dejar que los niños/as de nuestro entorno formen su personalidad sin “encasillarlos” en dichas características; evitar frases como “los niños no deben llorar” o “las niñas no juegan con carritos”.

En la actualidad, la mujer ha ganado derechos a nivel personal, económico y social; no ha perdido sus obligaciones como “amas de casa”, ya que además de trabajar debe continuar con sus tareas domésticas. Todavía es mal vista una mujer soltera que vive sola o que es la proveedora de la casa, papel que socialmente es exclusivo de los hombres.

Hay que evitar estereotipar a las mujeres, no somos ni princesas ni esclavas. Somos personas con un valor real para la sociedad, conformamos una fuerza vital, no sólo económicamente, también profesional. Debemos empoderarnos y “creérnosla”, ser conscientes de las oportunidades que tenemos y que podemos generar; apoyarnos unas a otras y crear redes para lograrlo. En ocasiones es algo complicado, ya que desgraciadamente las mismas mujeres somos las que hablamos mal de aquellas profesionistas que alcanzan puestos altos; pero no es imposible.

Para empoderarnos debemos “cambiarnos el chip”, Edward Johnn Silva Giraldo (2016) psicólogo, recomienda los siguientes puntos:

  • Ser menos autocríticas y valorarnos más, no se vale vivir del pasado, hay que generar pensamientos saludables.
  • Si bien es importante aceptar y afrontar la tristeza, también se debe promover la alegría, lo imprescindible es procurar tener emociones positivas.
  • Ser conscientes de nuestras capacidades, aptitudes y habilidades, además de “echarnos porras”, por así decirlo.
  • Aprender a resolver los problemas explorando las alternativas de solución, “sin ahogarnos en un vaso de agua”.
  • Construir y fortalecer las redes de apoyo entre mujeres. Reconocer a nuestras iguales para entablar relaciones nutrientes, solidarias y colaborativas, donde se reconozca su capacidad autónoma.
  • Buscar el desarrollo de proyectos a nivel personal y familiar.
  • Darse cuenta de que hay mucho camino por recorrer, sobre todo por las acciones y pensamientos la sociedad actual.

Lo que todavía nos falta a las mujeres por aprender es que nadie te da poder. Simplemente lo tienes que tomar tú Roseanne Barr (comediante y escritora)

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