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No puedo dejar de comer pan… Comiendo pan

Dr. Marco A. Villalvazo Molho

Médico General Certificado Educador en Diabetes Certificado  Expresidente del Consejo Nacional de Educadores en Diabetes, A.C.

Germán tiene dos hijas, una de 12 años y otra de 14, delgadas y altas para su edad. Su esposa es muy delgada, alta y con un abundante y largo cabello, que contrasta con Germán, quien es de baja estatura, con un sobrepeso importante y su cabello corto y escaso.

Se refiere a sí mismo como un hombre feliz y realizado. Me comentó que hace algunos años, inició trabajando como instructor de aeróbics en un centro de acondicionamiento físico y ahora es el gerente general, “tengo casa propia y no le debo un centavo a nadie. A mis 37 años tengo más de lo que alguna vez soñé. Solamente hay algo que nubla el panorama de mi vida”, agregó preocupado. “El problema comenzó cuando dejé el deporte y me dediqué al trabajo de escritorio. Fui subiendo dos kilos de peso cada año, al mismo tiempo que la presión arterial se me ha estado incrementando y ahora, además, con una glucosa en ayuno de 120 mg/dl. Me dicen que estoy en riesgo de desarrollar diabetes, eso me tiene realmente muy asustado”, explicó.

“El médico y la nutrióloga de mi trabajo ya me pusieron a dieta, pero veo con desilusión que cada mes mi peso sigue aumentando… ¡No puedo dejar de comer pan! Lo he intentado mil veces y siempre acabo comiéndolo. Sobre todo, el fin de semana, con la convicción de empezar la dieta el lunes. La comienzo muy bien, pero sin saber por qué, esa misma noche llego a mi casa con una gran bolsa de pan y a pesar de que mis hijas y mi esposa me dicen que no lo coma, termino devorándolo. Al poco rato me recrimino el no tener la fuerza de voluntad para no comerlo, me siento muy mal conmigo mismo. Procedo a prometerme a mí mismo que el siguiente lunes sí podré dejar de comerlo. Esa es mi historia con el pan. Mientras tanto, van subiendo mi peso, mi presión arterial y mi glucosa. ¡El pan me ha ganado la partida y me está llevando mi energía y mi salud!”, aseveró.

Recuerdo que le expliqué cómo y por qué, el pan y las harinas pueden generar adicción. Me escuchó muy atento y cuando terminé, él agregó: “Ahora entiendo que el pan actúa como una droga en mí, de la misma manera que un alcohólico pierde el control de sí mismo al consumir bebidas alcohólicas y no puede dejar de tomarlas. El alcohol toma el control. De la misma manera yo pierdo el control cuando lo como: el pan me come a mí. Ahora entiendo que no puedo dejar de comer pan comiendo pan”.

Para resguardar la identidad de mis pacientes, en todos los escritos de esta columna se cambian sus nombres y características.

Características de la adicción a “esos” alimentos

  • Necesidad fuera del control de la voluntad que lo obliga a comer “ese” alimento.
  • A pesar de saber que no debe comerlo, termina comiéndolo.
  • Invierte parte importante de su día pensando en cómo obtener y consumir “ese” alimento, o en qué hacer para no comerlo.
  • Sabe perfectamente que ese alimento le engorda y/o afecta su salud.
  • Puede sentir culpa o arrepentimiento, al poco rato que lo comió.
  • Piensa que el lunes va a iniciar la dieta y finalmente tomará el control de lo que come, lo cual no sucede.
  • La aceptación es el principio de la recuperación.
  • Es un condición crónica y progresiva
  • Se relaciona con otras enfermedades que lo pueden llevar a una muerte prematura como la obesidad, la diabetes, la hipertensión, etcétera.
  • Tiene factores genéticos, psicosociales y culturales que influyen en su desencadenamiento y desarrollo.
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